HISTORIAS Y EPISODIOS DE MADRID

La cuadra de San Isidro

por Antonio Martín


       Nunca defrauda hacer un periplo por la Latina durante las fiestas de San Isidro. Madrileños castizos, nostálgicos, curiosos, e “isidros” que vienen de fuera, dan, todos ellos,  contenido a una fiesta que cada año va en auge, aunque se eche de menos el magisterio de hacer sonar un organillo como Dios manda, pues son pocos, o ninguno, los que quedan de aquellos oficiantes marchosos y achulados, castizos barriobajeros que daban al manubrio con el codo transmitiendo al rodillo su impronta, pero gracias a la técnica siguen oyéndose los chotis de siempre, las tonadillas, los cuplés, y los pasacalles. Cada 15 de mayo se dan cita algunos de los elementos más definitorios de lo que se ha venido en llamar “casticismo madrileño”, costumbrismo basado en la tradición que junto a la devoción por el Santo conforman las fiestas de San Isidro.
 

      Es bien notorio que los madrileños tienen un especial aprecio a su Patrón, el que en vida fuera un hombre piadoso, un mozárabe que vivió en el barrio de la Morería, cuando Madrid era Mayrit, la ciudad árabe refundada en el siglo IX, cuando ya existían plazas como la de la Paja, San Andrés, y Cruz Verde, y prodigaban misteriosos pasadizos, grutas y cuevas que aún hoy en día se encuentran en los sótanos de edificios antiguos.

      El día 15 de mayo, los madrileños recorren los sitios en los que según la tradición tuvieron algo que ver con aquel piadoso hombre: la ermita del Santo para beber agua de la fuente milagrosa, la casa de Iván Vargas en la que vivió, la iglesia de San Andrés donde fuera enterrado, la pradera, para solaz de los madrileños que hacen la romería al Santo y que tan magistralmente pintara Goya, la Colegiata, dónde finalmente descansa junto a su esposa Santa María de la Cabeza. Pero hay un sitio poco o nada conocido por la mayoría de los madrileños; la Cuadra de San Isidro.

      En el número tres de la calle Petril de Santisteban, en la planta baja de un edificio de vecindad construido en 1856, se encuentra una pequeña y agradable capilla de cuarenta y dos metros cuadrado en lo que en el siglo XII fue una cuadra propiedad de D. Iván Vargas, patrón de Isidro. Según la tradición, el Santo labrador guardaba los bueyes en esa cuadra, y  en los crudos inviernos pasaba muchas noches junto a los animales proporcionándole calor. En la capilla podemos encontrar un bello retablo neoclásico del XVIII. En el Altar, imágenes de estilo napolitano  de los esposos tocados con coronas de plata, y en los lados, una Inmaculada Concepción y un San José.  En las paredes de la capilla interesantes  cuadros que recuerdan algunos de los milagros de San Isidro pintados en el siglo XIX por Manuel Castellanos.  También cuelga un cuadro de Don Diego de Vargas, que fue Gobernador de Nuevo México entre 1690 y 1704. Completa la ornamentación, dos vidrieras con las imágenes de San Isidro y Santa María de la Cabeza, manufacturadas por el francés Montmellán, y una gran lámpara de bronce con patina de oro y cristal de roca que data del primer imperio de Napoleón en 1808. El suelo del siglo XVIII, de pizarra y mármol blanco, revela el paso del tiempo y por ello permanece cubierto por una alfombra. Durante la construcción del edificio actual, al hacer la reforma de la capilla ya existente, se hallaron restos de los pesebres detrás del Altar, que desaparecieron en esta reforma. La casa construida envuelve a la primitiva ermita, dotando a la casa de vecinos de capilla propia. En el medianil del muro de los dos edificios de la calle Pretil de Santisteban 3 y el de la calle del Almendro 6, existe un pozo, que no se visita, que construyó el propio Santo para dar de beber a sus animales.

      La capilla sólo se puede visitar  el 15 de mayo, festividad de San Isidro, celebrándose ese día dos Misas. Más tarde, antes del comienzo de la procesión del Santo,  sobre las 17 horas se abre de nuevo la capilla para ser visitada y recibir reseñas y pormenores por parte del señor Don Juan Jiménez – Calvo Blázquez – Zamora, Consiliario de la Real muy Ilustre y Primitiva Congregación, el cual hace una semblanza de los acontecimientos históricos en relación con la vida del Santo y particularmente lo relacionado con esta bella y a su vez coqueta capilla. Merece la pena acercarse y escuchar estas explicaciones  en tan delicioso lugar que conserva la más pura tradición del Santo en Madrid.  Hasta el pasado 2009 acudía a la capilla, al igual que lo hacía cada año, la señora Doña Juana María Teresa Pérez – Balsera Caballero López de Zárate, última descendiente y propietaria de su linaje y Señora de la casa de Iván Vargas, pero falleció  el pasado octubre de 2009 a los 88 años. La visita de la capilla acontece poco tiempo antes del comienzo de la procesión de las imágenes de San Isidro y Santa María de la Cabeza que partiendo de la Colegiata en la calle de Toledo 37 recorre las calles que configuran el Madrid antiguo.

      Madrid, sin menoscabo de ser una metrópoli vanguardista, ha sabido mantener siempre vivas las tradiciones heredadas de sus antepasados. En esta Ciudad que no es Ciudad sino Villa,  y que tanta historia lleva tras de sí, queda siempre algo por descubrir,  por ver. Cosas y casos,  mil historias ocultas, a veces olvidadas del enigmático pasado madrileño.  Aquí se ha mostrado una, la cuadra de San Isidro que ha permanecido oculta quizás por falta de patrocinio al ser una propiedad privada. Las tradiciones son para ser conservadas, respetadas, promocionadas  y adecuadamente financiadas por las entidades públicas pertinentes. Los madrileños lo agradecerán.


        
Primera proyección del cinematógrafo en Madrid

por Antonio Martín

 

      Caminaba por la Carrera de San Jerónimo cerca de la esquina con Cedaceros cuando fui abordado por una muchacha quien me preguntó por el Palacio de Miraflores. Quedé sorprendido y dubitativo, completamente desorientado por desconocer la ubicación de ese palacio que por serlo debería ser un edificio grande y suntuoso. Lamentablemente no pude darle respuesta, quedándoseme la duda en mi cabeza. Aseguraba ella, y no le faltaba razón, que debería estar cerca pues así se lo habían indicado. Ambos nos embargó la frustración; a ella por no lograr su objetivo; a mi por no haber podido ayudarla.

      Al poco de haberse alejado descubrí, justamente allí, en el 19 de la calle, un gran edificio, con una portada barroca y una fachada bermellón cuyas trazas recordaban las de un palacio, en un lateral del alféizar de la puerta una placa metálica recordando que esa mole era el Palacio de Miraflores. Reaccioné en vano esforzando la mirada en busca de la muchacha, ella ya no estaba al alcance de mi vista. Palacio de Miraflores, murmuré, preguntándome las veces que habría pasado por delante de la fachada sin apercibirme de ello, como otros tantos viandantes lo hacen, igualmente inadvertidos.


      De ese tramo de la calle  solamente recordaba el Restaurante Lhardy, el museo del Jamón, el teatro Victoria y Casa Mira, fabricante de turrón artesano  y, desde luego, más abajo, el Congreso de los Diputados.

 

      Estando en ese trance, reparé que al otro lado de la calle había una placa en la fachada del edificio número 34. Agudizando la mirada descubrí la inscripción:
 

El día de San Isidro se celebró en esta casa la primera exhibición del cinematógrafo para los españoles, 15 de mayo de 1886

      Parte del edificio es ahora un Centro de Salud. Accediendo a él se observa un grupo ordenado de columnas metálicas que magnificarían lo que antaño debió ser una espaciosa sala de recepción de un hotel, y al fondo un pequeño cartel:


 Los pilares y la escocia de escayola de esta sala, ahora restaurados, fueron parte de la decoración de los salones del Hotel Rusia, donde tuvo lugar, por primera vez en España, una proyección de cine en 1886

    Efectivamente así fue. Aprovechando la espaciosidad de los bajos del otrora Hotel Rusia, se acomodaron varias filas de asientos tras una pantalla blanca situada en el fondo.  El primer pase de las cintas tuvo lugar el miércoles 13 de mayo de 1896, en una función organizada para dar a conocer el cinematógrafo de Lumière a invitados especiales y miembros de la prensa local. Luego continuaron las proyecciones durante los meses de mayo, junio y principios de julio. Fueron varios los títulos que se proyectaron, uno de los cuales fue: “Llegada de tren a la estación” (51 seg.)

 

 Sentado como uno más de los que esperaban consulta en el Centro de Salud, estuve meditando y contemplando el mural artístico que ocupa el mismo sitio que ocupara la pantalla de exhibición cinematográfica. Abstraído en mis pensamientos no percibí que alguien me comentaba algo. Elevé el rostro y vi a la misma muchacha que momentos antes preguntó por el Palacio de Miraflores. Realmente , me dijo, lo que buscaba era el Centro de Salud, lo del palacio sólo era una referencia. Quede aliviado del compromiso y al mismo tiempo contento por haberme ayudado fortuitamente ese hecho a descubrir otro punto oculto de la historia de Madrid.
     


Anuncio olvidado

por Antonio Martín

      En una de esas tardes dedicadas a pasear sin rumbo fijo  sucede, a veces, que se encuentra uno fortuitamente con algo interesante e inesperado. Curioseando en uno de esos centros de ocio y restauración que tanto se prodigan por Madrid, encontré un libro interesante llamado Madrid Oculto. Lo abrí por una de sus páginas al azar, encontrándome con una curiosidad; El anuncio olvidado. Un anuncio muy antiguo que aún puede verse en uno de los pasillos de la estación de metro de Bilbao en Madrid. En dicho pasillo se encuentra una hornacina que con toda probabilidad fue utilizada como quiosco de periódicos hasta hace poco tiempo. Eliminado parcialmente el falso techo aparece el revestimiento original de baldosas sobre el cual, a pesar del deterioro, se puede distinguir la frase: “Radioseguro, reparación de su radio garantizada para un año”. El autor de este descubrimiento piensa, y yo estoy de acuerdo con él, que esta ventana al pasado tiene sus días contados, dado su muy precario estado, y si se deja sin protección pronto quedará tapada por algún graffiti o bien se demolerá por sí sola, tal como sucedió con muchos de los anuncios e indicaciones de la estación fantasma de Chamberí.

      Buscar la punta del ovillo para rematar ésta anécdota no es fácil,  pues no consta en mis recuerdos  la existencia de estos seguros. La longevidad del anuncio es manifiesta por estar situado en la  primera línea (L1) de la compañía metropolitano que se construyó en Madrid en 1919. He preguntado a personas mayores que yo y no los recuerdan así que he llegado a la conclusión que pueden datar del año 1924, que fue cuando comenzaron las emisiones en Madrid de Radio España y de Unión Radio Madrid. Por aquel entonces los aparatos de radio eran verdaderas obras de arte que se importaban mayormente desde EE.UU. Los precios eran altos y no estaban al alcance de muchos, no es de extrañar por lo tanto, la aparición de  compañías aseguradoras para cubrir eventualmente las averías que pudieran producirse.


San Antonio, un Santo casamentero,
por Fernando Gómez

                    Amigo Antonio:

Aprovecho la copia que envié recientemente a una revista de Caja Madrid en la que colaboro, para felicitarte en el día de tu Santo.

Agradezco tu atención con la Carta de un Chispero a Napoleón, que me hiciste llegar.

Te hago saber, que nací en la calle de la Palma Alta, que junto a la de Barquillo, fueron la cuna de los chisperos, por lo que, todo que lleve ese apelativo me resulta de lo más cariñoso.

Muchas felicidades te desean,

                                                           Mercedes y Fernando

     SAN ANTONIO DE LA FLORIDA     (EL GUINDERO)

        Amigo lector:

    Siguiendo mi línea de comentarios sobre temas relacionados con Madrid en esta ocasión por proximidad en las fechas, lo voy a hacer sobre un Santo. No creas que te voy a marear con temas religiosos, solamente resaltar ciertas particularidades sobre el personaje de este Santo, que de forma tan honda caló en el tipismo madrileño. Siendo exclusivamente mí deseo, que te resulte ameno y entretenido.

            La primera verbena que Dios envía es la de San Antonio de la Florida,
ó
Vamos a la verbena de San Antonio, que por ser la primera no hay que faltar.

    Este es el comienzo de dos canciones dedicadas a este Santo, al cual Madrid le celebra todos los 13 de junio.

    San Antonio, nacido en Lisboa el año 1195, fallecido el 13 de junio de 1231 en la ciudad italiana de Padua, de la que toma su nombre por apellido, y a la que llegó accidentalmente, puesto que su intención era llegar a África, es otro de los santos afincados en el calendario de festejos populares de Madrid, sin que exista razón que lo justifique, no impide, que tenga dedicada la ermita más importante y popular de la ciudad.

    La actual, construida en 1798 bajo su advocación, y desde el año de 1905 catalogada como Monumento Nacional, corresponde a un proyecto del italiano Francisco Fontana. La ermita, tiene la singular particularidad que la convierte en caso único, ya que a escasos metros tiene una réplica exactamente igual. Réplica que tiene por justificación lo siguiente, no por que se quisiera duplicar la importancia que tuvo el Santo.

    Finalizada la obra de Fontana, se encarga al pintor Francisco de Goya que pinte su cúpula, pechinas y otros puntos, lo que le lleva 120 días de trabajo ininterrumpido en cubrir con sus frescos una superficie de 178 m. cuadrados, quedando como decorado una de las obras de arte más importantes del pintor aragonés, entre cuyos motivos no falta el toque alegórico a Madrid, pudiéndose ver en uno de los temas, como el Santo se encuentra entremedias de majos, manolas y chisperos.

 

    La ermita es convertida en parroquia en el año 1881, y como tal parroquia obligada a celebrar un elevado número de cultos. Sus reducidas dimensiones y sus muchos asistentes, el humo de velas y lamparillas, polvo y vahos, empiezan a causar deterioro en los frescos, motivo por el que se construyó una ermita gemela en el año de 1928, para que se celebraran en ella los oficios religiosos, quedando la primitiva dependiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando como museo. En ella, bajo el altar se encuentra la sepultura del artista que la decoró.

    Y aquí nos encontramos ante un hecho que nos deja perplejos. Es reconocido el romance que mantuvieron el pintor y María Teresa Cayetana de Silva, duquesa de Alba, y que el pintor encargó a sus albaceas testamentarios, que su cabeza fuera enterrada junto a un pie de la duquesa. Pues bien, cuando el cadáver de Francisco de Goya llegó a Madrid procedente de la ciudad francesa de Burdeos en donde falleció, para ser enterrado en la ermita, se comprobó que le faltaba la cabeza. Es lástima, que cuando se realizó la autopsia de lo duquesa el año 1945 para conocer el motivo de su fallecimiento, no se hiciera mención, o al menos no trascendió, si tenía o no los dos pies el cadáver.

    San Antonio de Padua, conocido como de La Florida, es conocido también por el apelativo de El Guindero, basándose el apodo en la siguiente leyenda.

    Un campesino, que subiendo por la Cuesta de la Vega, con una carga de guindas que transportaba sobre un asno, al tropezar el animal derramó toda la carga. El pobre campesino al ver como rodaba por el suelo el fruto de su trabajo, se puso a recogerlo de forma presurosa a la vez que rezaba a San Antonio solicitando ayuda, o al menos consuelo, cuando se quiso dar cuenta un fraile le estaba ayudando en la tarea. El campesino agradecido le quiso regalar un canastillo con dicho fruto, a lo que el fraile le pidió que se le llevara a la Iglesia de San Nicolas. Cuando el campesino se presento en el templo, vio con asombro que la imagen de San Antonio tenía la misma cara que el fraile que le ayudó a recoger sus cerezas. La difusión que dio a lo sucedido, sirvió para que esa imagen actualmente en la iglesia de Santa Cruz sea conocida como la del Guindero.

    Tiene fama también, de que dirigiéndole unos rezos ayuda a encontrar objetos extraviados, pero es mas conocido por su condición de mediador en los noviazgos, para lo que es necesario cumplir con el siguiente ritual; aunque en actualidad esta bastante alterado por falta de información.

    A mediados del siglo XIX dieron las modistillas por ir al Santo a solicitarle novio, tipo de petición a la que rápidamente se fueron sumando todos las mozas solteras, petición que se sigue efectuando en la actualidad aunque muy pocas lo realizan de la forma en la que se estableció.

    En primer lugar, era costumbre poner una vela al Santo y besar su reliquia, y posteriormente echar en una pila bautismal llena de agua benditas 13 alfileres, cantidad que no tiene relación con la fecha en la que se le celebra, los 13 alfileres están relacionados con las arras que entrega el novio a la mujer que desposa. Acto seguido habían de meter la mano de forma plana y posarla sobre los alfileres sin ejercer fuerte presión. Si la mano salía simplemente mojada, no representaba buenos augurios para encontrar pretendiente, pero si salía con algún alfiler pinchado sobre la piel de la palma de la mano, sin que importara el número de ellos, era señal de buen agüero. A continuación habían de dar tres vueltas alrededor de la ermita y que al completarlas al menos uno quedara prendido sobre la piel. Es de comprender, que las mozas menos afortunadas por la naturaleza apretaran con más entusiasmo la mano sobre los alfileres, tratando de ponérselo más fácil al santo casamentero, aunque el resultado siempre seria dudoso.

    Espero y deseo haber podido distraerte durante unos minutos, con eso me siento mas que complacido.

        Te saludo con afecto.

                    Fernando Gómez (13 de junio de 2008)

 

MÁRTIRES DE LA FLORIDA
por Fernando Gómez
 

COMO SI NO HUBIESE PASADO.
COMO SI NADA HUBIESE OCURRIDO.
AQUÍ TENEMOS AL LADO,
UN TESTIMONIO, POR ALGUNOS OLVIDADO.
QUE EN ÉSTE LUGAR CASTIZO.
Y SER DE MADRID NOBLES HIJOS.
MERECEN SER RECORDADOS.

CEMENTERIO DE LA FLORIDA,
QUE EN UN AMANECER ACIAGO,
DEJARON AQUÍ SUS VIDAS,
LOS QUE PURGARON COMO PECADO,
AMAR SIN LÍMITE EL SUELO.
EN EL QUE ESTÁN ENTERRADOS.

Y HOY DÍA GOZOSOS CONTEMPLAN
DESDE SU SITIO EN LA GLORIA,
COMO HONRAMOS SU MEMORIA.
COMO SU GESTA ALABAMOS
COMO LAS GRACIAS LES DAMOS
POR LO QUE ELLOS MURIERON.
Y QUE CON ELLO NOS DIERON.
LA PAZ QUE ELLOS NO TUVIERON.
HERREROS, ALONDRAS, SOGUILLAS
UN HUMILDE CARPINTERO.
ESE MALETILLA QUE NO LLEGO A SER TORERO.

ESA MUJER DE TOQUILLA,
ESA CHULA MODISTILLA,
ESE PADRE GENEROSO.
QUE NO CONOCIÓ EN VIDA EL REPOSO.
Y REPOSA EN LA BOMBILLA

GENTE DE LA BRIBA.
GENTE DE CHAMBERGO Y CAPA,
QUE POR TODO ARSENAL SU FACA
Y SU CORAZÓN DE ACERO,
ECHARON DE NUESTROS LARES.
Al INVASOR EXTRANJERO.

Y NO FALTARON ALTARES,
Ni REPIQUES DE CAMPANA.
QUE ESE DÍA NO LLORARAN AMANECER TAN AMARGO.

SACANDO DE SU LETARGO,
AL MÁS HUMILDE MENDIGO,
Y AL MÁS ORGULLOSO HIDALGO.

Y POR DEFENDER SU ORGULLO,
Y PODER DEJARLE COMO HERENCIA,
PERDIERON VIDA Y HACIENDA.
TENIENDO POR RECOMPENSA,
VER QUE TAN VALIOSA HERENCIA,
EL TIEMPO NO LA CONSUME.
PUES EN ELLA SE REÚNE.
VALOR. PAZ, Y TAMBIÉN CLEMENCIA.

MÁRTIRES DE LA FLORIDA.
HÉROES DE LA BOMBILLA.
A LOS PIES DE VUESTRA FOSA.
ANTE TAN SENCILLA LOSA.
ARROJAMOS PALPUSAS Y MANTONES.
ACOMPAÑANDO NUESTRAS ORACIONES.
CON UN ROJO RAMO DE ROSAS.

Y CON MÚSICA DE ORGANILLO.
ENTRE CADENETAS Y FAROLILLOS,
CON LIMONADA O VINO DE ALOQUE
BRINDAMOS POR VUESTRO HONOR,
HACIÉNDOOS LLEGAR EL CLAMOR
DE QUIEN VUESTRO VALOR ESTIMA
Y ALABANZAS NO ESCATIMA.
POR QUIEN CON HONOR MURIÓ.


Dormir bajo el ángel
por Antonio Martín

¡Abrid escuelas y se cerrarán cárceles!, lo tenía claro doña Concepción Arenal, pensadora ilustre y además mujer, lo que ya era mucho para su tiempo. Las desigualdades sociales en aquel convulso siglo XIX , el clero y la nobleza por un lado, y el resto de los españoles por el otro, con escasez de medios y casi analfabetos, debieron forjar en ella una actitud de rebeldía ante aquellas injusticias de la época. Las cárceles del hambre, la miseria y la incultura, esas eran las cárceles a las que se refería la ilustrada pensadora.

Pero no voy a escribir nada más en relación con esta insigne mujer, ni de su obra, ni de su espíritu de mujer adelantada, salvo haberme hecho eco de esa frase suya que sirve para hilvanar, en tono menor, alguna historia de cárceles de aquella época del XIX y anterior, en esta Villa de Madrid.

Se tiene conocimiento de antiguas cárceles, una que procede de 1514, bajo el reinado de Doña Juana de Castilla que estuvo en la calle de Platerías (hoy Calle Mayor) esquina a la actual Plaza de San Miguel, y otra en la Plaza del Salvador en 1575. Ambos edificios ya están desaparecidos.

El actual Palacio de Santa Cruz en Madrid, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, fue otrora una cárcel; la tenebrosa cárcel de Corte. Este bello y suntuoso edificio parece que se destinó en un principio a prisión de nobles y personas acomodadas, y por conservar sin duda esta distinción, se pensó en establecer otra para criminales del pueblo o gente de menos recursos en la parte adyacente al propio edificio. Los cleptómanos son ricos; los pobres ladrones, simples rateros, oí decir cierta vez, aseverando así una distinción que aún hoy alguno seguiría afirmándola.

En 1831 los madrileños proscritos dejaron de «dormir bajo el ángel», expresión castiza y eufemística que hacía alusión al ángel marmóreo que desde el siglo XVII culmina el Palacio de Santa Cruz. Una epidemia de tifus carcelario provocó el traslado a un antiguo saladero de tocino que cambió su uso alimentario para convertirse en la tétrica Cárcel del Saladero. Este edificio carcelario estuvo situado en lo que hoy es la Plaza de Santa Bárbara y fue una de las más famosas prisiones de la época, sobre todo por la facilidad con la que se escapaban de ella los reclusos. Sus lúgubres y mal ventiladas celdas acogieron a célebres y heterogéneos personajes desde políticos a bandoleros.

El Saladero cumplió su función penitenciaria hasta mediados de 1884, fecha en que fue sustituida por la Cárcel Modelo, o nuevo saladero, como la gente vino en llamar, se construyó en los terrenos donde hoy está el Cuartel General del Ejército del Aire el distrito Moncloa - Aravaca de esta Villa de Madrid.

De todos estás cárceles ya sólo queda el recuerdo escrito, salvo una; el Palacio de Santa Cruz con su ángel allá en la marquesina. Se me antoja un ángel de la Guarda,  no puede ser otro pues sabiendo del misticismo de los gobernantes de aquella época, es seguro que lo pusieran allí como ángel custodio de la cárcel. Ningún madrileño ha vuelto a dormir bajo esta celestial figura y por lo tanto aquella expresión «dormir bajo el ángel» prácticamente ha desaparecido del diccionario popular. Ahora los convictos duermen «entre rejas», «en chirona», «en el trullo», «en la trena», «en la sombra», «en la jaula» y tantas otras expresiones que seguro tú conoces.


 

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA; DOS DE MAYO DE 1808

Testigo mudo de la historia
por Antonio Martín

Este es el único ejemplar de su especie que se encuentra en el Retiro madrileño y tiene más de 300 años.

Cuando estuvimos en guerra con Napoleón Bonaparte, los franceses estuvieron acuartelados en el Parque del Retiro de Madrid y cortaron numerosísimos árboles de especies variadas para hacer fuego y calentarse de las frías noches de Madrid. Este que se ve en la fotografía es un ejemplar superviviente de aquella tala indiscriminada. Es un testigo mudo de la historia de España.

Este árbol denominado Ahuehuete fue plantado en 1633, por lo que es probablemente el árbol mas antiguo de Madrid. En Méjico, de donde es originario, se conservan ejemplares longevos, siendo el más antiguo el Árbol del Tule en Oaxaca, que se estima en unos 2000 años de edad. Su nombre proviene del náhuatl que significa "árbol viejo de agua", debido a que crece en lugares donde abunda el agua.

De esta especie perteneció el conocido árbol de la Noche Triste, bajo el que, según la tradición, el conquistador español Hernán Cortés lloró la derrota de una batalla contra los aztecas y la pérdida de casi la mitad de su ejército. Todavía puede observarse este árbol en la calzada México-Tacuba, en la Ciudad de México.
 


Cementerio de la Florida
por Antonio Martín

Hace tiempo que quería visitar este histórico Cementerio, pero debido a lo restrictivo de los horarios de visita no pudo ser posible hasta ahora.  En un recóndito paraje cerca de la Ermita de San Antonio, permaneció olvidado y descuidado durante muchos años. ¡Cuantas veces había yo pasado por la puerta!, cuando de pequeño mis padres me llevaban a la verbena de San Antonio. Bajando desde el Paseo del Pintor Rosales, muy cerca del antiguo paso a nivel del ferrocarril. Allí, en ese lugar, permanece desde hace algo más de 200 años. En él, 43 patriotas fueron inhumados después de haber sido arcabuceados por los franceses en la madrugada del 3 de Mayo de 1808, en represalia por los acontecimientos históricos del día anterior.

Me encontré con el señor Aparisi, reconocido historiógrafo de Madrid, un hombre con una extensa obra bibliográfica dedicada a ésta Villa del Oso y el Madroño. Conversé un rato con él y le pregunté si era cierto que esos fusilamientos del 3 de Mayo, o de la Montaña del Príncipe Pío, representados en el famoso cuadro de Goya, habían sido hechos en lo que hoy día es la Plaza de España, junto al antiguo cuartel de Prado Nuevo, como algún autor de actualidad afirma; me dijo rotundamente que no. Añadió que no está documentado el sitio exacto pero en su opinión se hicieron entre el punto en el que está situado el teleférico y la rosaleda, a escasa distancia de ese lugar.

La conversación que tuve con el señor Aparisi fue en relación con ese cuadro de Goya, pintado en 1814. Yo le comenté que si esos fusilamientos fueron hechos en la Montaña del Príncipe Pío, yo no relacionaba los edificios, ciertamente voluminosos que se contemplan de fondo en el lienzo de Goya, con alguno de los edificios actuales que muy bien pudieran haber sido los del Palacio Real. Él me aclaró que ese lienzo lo hizo Goya probablemente inspirándose de una litografía de Miguel Gamborino y que como puede comprobarse son idealizaciones parecidas, salvo algunas pequeñas diferencias; los franceses ejecutores pertenecían a un batallón de Marina de la Guardia Imperial, que aparecen con capas y capuchas en el lienzo de Goya, puesto que era un día de lluvia, sin embargo en la litografía aparecen con el uniforme militar francés de otro cuerpo o batallón diferente. Al contrario de los que algunos creen (los menos) Goya no estuvo allí y sólo cuando le pareció oportuno, quizá para afianzar su patriotismo en contra de los que les habían tachado de afrancesado, decidió pintar ese lienzo. Como muy cerca del lugar podría haber estado en su Quinta del Sordo, lugar de su residencia, pero aún así dicha finca (antigua estación de Goya),  andaba lejos del escenario de los fusilamientos.

Durante la conversación, el señor Aparisi hizo unos cuantos razonamientos.  "Generalmente los fusilamientos, desde el punto de vista militar, nunca se hacen en lo alto de una montaña ni en sitio despejado sino en una ladera o en la cuneta de una carretera". Está documentado que cerca del lugar de los fusilamientos había un tejar. Él ha estudiado la zona y halló tres tejares y el mas probable era, según él, uno que estaba en la ladera del terraplén que existe desde el paseo del Pintor Rosales hacia el paseo de la Florida y concretamente entre los puntos que ya he citado, a escasos metros del Cementerio de La Florida. Estos terrenos habían pertenecido a la finca denominada del Príncipe Pío y que posteriormente comprados por la Casa Real, se añadieron a los del Real Sitio de La Florida cuyos dominios llegaban hasta dónde hoy está ubicado el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno.

Existe un relato guardado en el Archivo de la Villa que viene a confirmar que el lugar de esas ejecuciones sumarias fueron hechas muy cerca de la iglesia de San Antonio de La Florida. Es el único testimonio que existe sobre lo que pasó aquella madrugada del 3 de Mayo de 1808. Juan Suárez, al comenzar los tumultos del 2 de Mayo dejó en su casa a su mujer, sus tres hijos y a su madre sexagenaria y se fue a pelear al Parque de Artillería de Monteleón. Allí, la guardia polaca le hizo prisionero y acabó en la montaña de Príncipe Pío. Cuenta el mismo:

 "Ya de rodillas para recibir las descargas, pude desasirme de mis ligaduras y tenderme en el suelo, echándome a rodar por una hondonada. Cuando me levanté, magullado, disparáronme algunos tiros, y aún trataron de perseguirme, cortándome la retirada; pero yo, más ágil, les gané la tapia que salté, yendo a refugiarme a la iglesia de San Antonio de La Florida".

Este Cementerio histórico está situado exactamente en la calle de Francisco y Jacinto Alcántara. Se erigió en ese lugar en el año 1798 a iniciativa de la Casa Real para destinarlo a sus empleados y sus familiares. Los 43 patriotas arcabuceados por los franceses, permanecieron, como venganza y escarmiento, insepultos hasta el día 12 en que fueron inhumados finalmente en este lugar.

A la entrada del recinto existe una llama votiva sobre un pebetero y una reproducción en cerámica del lienzo que Francisco de Goya dedicara a aquellos 43 asesinados. Luego se accede a un patio de estilo castellano con una lápida en el suelo que da testimonio de los enterramientos. Una capilla da paso a la cripta donde en una lápida se recoge el nombre de algunos de los asesinados aquel día: eran las cuatro de la madrugada del tres de Mayo de 1808.


 Un madrileño Chipén

 por Antonio Martín

Fernando es un vecino mío que estoy seguro que debe de ser de los pocos madrileños auténticos que aún quedan por este foro. Su manera de expresarse, sus grandes conocimientos de todo aquello que huela a madrileñismo y su modus vivendi, le hace ser un personaje muy parecido a esos que pululan en los sainetes de Arniches y que aún tanto nos deleitan.

Siempre se ha dicho que Arniches tomó la cultura madrileña como referencia costumbrista para sus sainetes, convirtiéndolos en su forma más típica y también tópica de un casticismo exagerado que luego revirtió al pueblo. Pero conociendo a Fernando tan natural al expresarse, no puede decirse que sea aprendido , pues está claro que lo lleva en sus genes, que le nace.

Nacido en el barrio chispero (1) de Madrid (actual barrio de Chueca), le enorgullece su pertenencia por mucho que no esté de acuerdo con el apelativo por el que actualmente se conoce su barrio. Su abuela que también vivía en ese  mismo barrio, se dedicaba a la confección de palpusas, prenda con las que se tocaba el madrileño castizo en las verbenas y en las kermesses, así que la tradición,  sus vivencias, le legitima.

El barrio chispero donde nació y su ascendencia madrileñísima, le ha hecho ser un gran amante de todo aquello relacionado con las viejas costumbres de Madrid. El dice que todo lo que se refiera a lo chispero le resulta cariñoso, así que cuando llega alguna de las verbenas de Madrid, él y Doña Mercedes, su esposa, se visten con el respectivo traje típico de Madrid y  formando una pareja de rompe y rasga, se van elegantemente agarrados del brazo a disfrutar de lo madrileño. Hay que verlos y admirarlos, más chulos que un ocho (2). Y si es bailando el Chotis (3) seguro que son unos campeones.

Una de sus aficiones es escribir y doy fe que lo hace muy bien pues escribe poesía, relatos, novela, recopila refranes, dichos y modismos, etc., la mayor parte de ellos arraigados en Madrid a través de los años.

Sus escritos se basan principalmente en el costumbrismo histórico de Madrid. Tiene en su haber numerosos libros escritos que heredarán sus nietos pues por H ó por B, no los ha podido publicar. Sus biblias son varias pero el Pedro de Répide es una de sus fuentes predilectas, negándose en redondo tener Internet. Hay que verle y oírle cuando se le nombra esa herramienta tan actual.

En una de estas frías mañanas nos encontramos. Le dije: Fernando a ver cuando me das alguno de tus trabajos para ponerlos en mi página Web. Dudó por un momento, no por que no quisiera dármelo, sino porque en su cabeza hizo un repaso de lo que me pudiera interesar. ¿Sabes de dónde viene la expresión echar una cana al aire?, pues no, le contesté. Ah pues mira ya te voy a dar algo sobre eso.

Ayer me encontré en el buzón una carta y su contenido giraba sobre el significado de Testificar, lo de la cana al aire seguro que lo habrá dejado para otra ocasión.

 Su carta empezaba así:

Amigo Antonio:

Posiblemente, el origen de este popular dicho será de tu conocimiento,  pero ordenando un poco el origen de los que conozco, este me sigue haciendo gracia. Yo lo narro a mi estilo, pero el origen es el que indico

Fernando

 __________________ooOOoo__________________

He aquí su trabajo:

Testificar
por Fernando Gómez

      No es por que sea frecuente decir que ha sido llamado para testificar ante el juez,  normalmente la mayoría de los ciudadanos no somos requeridos por un tribunal, y los que lo son suelen ser por nimiedades. Esto sucede, porque una minoría se encarga de estar dando trabajo de forma permanente a esos magistrados, y para los demás no queda tiempo. No nos importa esa discriminación, somos gente bastante comprensiva y entendemos, que es mas divertido y fácil juzgar a uno que se dedica a robar gallinas ponedoras que a esos sujetos que de la noche a la mañana se apalancan los cuartos de una sociedad de inversiones, o a esos magos que hacen desaparecer los fondos de una caja de pensionistas.

      A pesar de lo infrecuente de esa citación, que nos impide poder decir que hemos sido requeridos para ir a testificar, mi curiosidad me llevó a presenciar un juicio en el que uno de los testigos llamados a declarar, en el momento en el que el juez le advirtió, que estaba obligado a testimoniar de forma veraz; según estaba levantado hizo un movimiento como si fuese a poner la mano sobre un libro que le presentaba un funcionario, cuando a una señal del juez, se abalanzaron sobre el dos fornidos guardias con las porras en ristre, descargándolas fuertemente sobre el testigo como unas treinta veces cada uno, desoyendo los alaridos del desgraciado testigo.

      Los aullidos y lamentos de aquel pobre hombre, lanzados de forma entrecortada, apenas permitía entender lo que decía, solo le entendí algo que se refería a los italianos y a los romanos. Me dio la impresión, que se trataba de algún juicio relacionado con las mafias internacionales.

      Una vieja que estaba sentada junto a mí, que según me estuvo contando antes de empezar la vista, no se perdía ni un juicio, puesto que de ese modo pasaba entretenida la mañana sin gastarse nada; me dijo tapándose la boca con la mano de forma disimulada.

Esta claro, ese sujeto es de la camorra, no hay más que verle. ¡Si lo sabré yo!

¿Lo de la camorra lo dice usted por la que se ha montado?

No, hombre no. Es de la camorra o de la mafia. ¡Si se le nota a la legua!. Seguro que ha matado a alguien

Mire usted señora; este juicio es por que al cuñado de ese que se ha llevado la tanda de garrotazos, le pillaron los dedos con la puerta del bar que frecuenta en su barrio, y como le dejaron todas las uñas de una mano de color negro por el portazo, lleva mas de un mes con el taller de relojería cerrado, por que no es capaz ni de cambiar una correa. Denunciando al del portazo, al que le pide daños y perjuicios.

Entonces, a ese que le han dado la manta de palos le tendrán también que inden...

      Unos tremendos martillazos dados por el juez sobre la mesa y el grito de silencio acabo con nuestra conversación, al que se había llevado la somanta, le habían puesto unas tiritas y una boina para que no se le vieran los chichones, y el juez, dirigiéndose a él de forma severa le aconsejo.

Como vuelva a repetirme esa demostración, le voy a meter en la cárcel con una condena de cinco años. No se lo volveré a repetir ¿Se ha enterado?

Pido a su señoría que me permita darle una explicación antes de continuar con la declaración.

      Me olvide de la vieja y centre toda mi atención en lo que decía aquel pobre hombre.

      Empezó por decir que era profesor de Historia Universal, especializado en la italiana, y que en ese momento en el que se le pedía promesa o juramento, su pensamiento le llevo a recordar como se comportaban los antiguos romanos, cuando en los juicios se les solicitaba que dijeran la verdad. Aclaró  que la Biblia todavía ni existía, y para ellos, jurar decir la verdad, estaba representado por el gesto, en el que la mano derecha apretaba de forma aparatosa sus testículos, y que de ahí procede la palabra testificar.

      Aclaro que fue un lapsus, y que en ningún momento pretendió dar a entender de que iba a responder como se le pusiese en los c………

      Al final, todo fueron disculpas y advertencias, para que no volviese a incurrir otra vez en el mismo error.

      Yo me fui con la enseñanza de saber de donde procede lo palabra testificar y su significado. Espero que llegado el caso, no tenga un lapsus como el de la paliza.

 __________________ooOOoo__________________

(1)Los chulapos eran también conocidos como chisperos, porque su barrio era donde se concentraba un gran número de herrerías, y muchos de sus mozos eran herreros. Los herreros eran denominados chisperos por las chispas con las que entraban en contacto como consecuencia de su oficio en la fragua

(2) Esta expresión se debe a un tranvía que antiguamente había en Madrid, y que llegaba hasta donde se celebraba la verbena de San Isidro. Este tranvía era el numero ocho, y todos sus ocupantes iban vestidos de chulapos y chulapas (trajes típicos de Madrid). Por eso se comenzó a decir; eres más chulo que el ocho. Con el paso de los años el tranvía ha desaparecido, pero la expresión, con un pequeño cambio, “eres más chulo que un ocho”, todavía se mantiene.

(3) El chotis se puso de moda en toda Europa durante el siglo XIX. En Madrid, al son de un organillo se baila en pareja cara a cara, y durante el baile la mujer gira alrededor del hombre, que gira sobre su propio eje. Se dice que el hombre no necesita más espacio que el de una baldosa para bailarlo. Generalmente se baila en las verbenas, fiestas típicas de Madrid. Las mujeres suelen bailarlo ataviadas con un mantón de Manila y los hombres suelen lucir una palpusa en su cabeza.

 


El Regicida Cura Merino
por Antonio Martín

 

La Iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel, o de Chamberí como también la llaman, tiene mucho de entrañable para mí, pues fui bautizado en ella, bueno, mejor dicho, en un local dependiente de la parroquia ya que el edificio estaba en obras por la gran destrucción que se le causó durante la contienda civil de 1936. Aún recuerdo sus torres ennegrecidas por el fuego. Edificio de estilo ecléctico aunque algunos dicen que es neoclásico, su vistosidad se percibe desde cualquier ángulo de la plaza del pintor Sorolla. Pero no os voy a hablar de esta iglesia, aunque sólo lo justo para establecer un punto de partida interesado en este relato. Se trata de un hecho histórico que aconteció en Madrid el día 7 de Febrero de 1852; la ejecución del cura Merino por intentar asesinar a la reina Isabel II cinco días antes, el 2 de Febrero.


Pasaba por sus inmediaciones la comitiva que conducía al reo Don Martín Merino al
Campo de Guardias para ser ajusticiado. Montado sobre un jamelgo y vistiendo la hopa amarilla, se mostraba con una inusitada altivez y desparpajo, impropio de su situación de reo convicto. En el tránsito hacia el lugar donde había sido instalado el patíbulo, dirigía sus miradas a todas partes, fijándose en los objetos que se ofrecían a su vista, uno de ellos la Iglesia de Chamberí, diciendo al observar una de sus torres, "Efectivamente, está desnivelada".

 

Quiero figurarme el escenario, un funesto cortejo atravesando la encrucijada de Santa Engracia con el Paseo Martínez Campos, en aquel momento el paseo del Obelisco, y el paseo de la Habana, Eloy Gonzalo en nuestros días. Según he logrado saber, Chamberí era un arrabal semidespoblado lleno de tejares y unas pocas casas mal alineadas, conformando un vasto e incipiente trazado de las calles. La Iglesia, construida por las aportaciones económicas y el trabajo de unos pocos y voluntariosos vecinos del barrio, vio demorada su consagración numerosas veces, de tal suerte que por acelerar su terminación, la  manufactura quedó resentida por lo que no es de extrañar que la torre quedara algo torcida como para que el condenado Merino se percatase de ello de camino al patíbulo. A poca distancia de allí el reo sería ejecutado a garrote vil, en un descampado destinado a “Campo de Guardias”. Paradójicamente y al poco tiempo, estos terrenos formarían parte de las instalaciones del Canal de Isabel II, que surtirían de agua potable a la Villa de Madrid.


Justo es ilustrar, aunque sea alterando el orden de aquel suceso, sobre el arrabal de Chamberí, el cual fue, por su amplitud y cercanía, el objetivo del ensanche de la ciudad, una vez derribada la cerca que estableciera Felipe IV en 1625 para cerrar la ciudad. Así, la idea de ampliar los límites de la ciudad, solucionaba los problemas de hacinamiento que planteaba el imparable crecimiento de la Villa del Oso y del Madroño. Los caminos que discurrían por el exterior de la cerca, lo que hoy son las calles de Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta y Génova, se denominaban Rondas porque al estar fuera de los límites de la ciudad era necesario ejercer la vigilancia para lo cual se formaban patrullas destinadas a "rondar" esos caminos para que no pasaran de manera furtiva elementos contrabandistas al interior de la ciudad. Hay que tener en cuenta que la razón de esas cercas en sus últimos tiempos era más una razón fiscal que de defensa, para que las mercancías pasaran por los lugares establecidos y así pagar los tributos o alcabalas establecidos. Cuando esa cerca desapareció, los caminos que la rodeaban siguieron llamándose Rondas, como en Paris se les llamó Bulevares, es decir, una vía de comunicación basada en antiguas defensas, puesto que la palabra, bulevar,  procede del holandés bolwerk que significa defensa.


Muy cerca de La Ronda de Santa Bárbara, dónde estuviera la Puerta del mismo nombre por la que se accedía a Madrid, y hoy Plaza de Santa Bárbara, estaba ubicada la cárcel de El Saladero. Allí, tras haber confesado su crimen, trajeron a nuestro hombre a eso de las nueve de la noche del 2 de Febrero, en una berlina de alquiler. La cárcel del Saladero, si bien no era ya comparable con la anterior y tenebrosa cárcel de Corte - actual edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores -, dejaba mucho que desear, sobre todo por el edificio, impropio para una cárcel por haber sido construido para otro fin, ni más ni menos que un saladero de tocino.
 

El reo entró enseguida en capilla; lo hizo sin inmutarse, impávido, sin una afectación aparente aunque la procesión fuera por dentro. Era Merino de algo más que mediana estatura, y de más de sesenta años de edad. Demacrado en extremo, muy pronunciados en su cara y en sus manos los nervios y los huesos, casi extenuado su cuerpo, aunque de espíritu fuerte, dejaba ver en su rostro y en su actitud las trazas de sus padecimientos físicos. Aparecía taciturno, tétrico, tranquilo, frío hasta la impasibilidad. El ardor de su imaginación, sus ideas radicales, se habían como connaturalizado en él, y parecía constituir su estado normal.

 

Don Martín Merino Gómez había nacido en el año 1789 en la ciudad de Arnedo, no muy lejos de Calahorra. A la edad de 9 años ingresó en el Convento de San Francisco en Santo Domingo de la Calzada donde fue un alumno aventajado pero rebelde, rebeldía esta que los frailes trataron limarla a fuerza de ayunos y penitencias.

 

Conocidos los sucesos del 2 de Mayo en Madrid ya a la edad de diecinueve años, a Martín le hirvió la sangre. Tras recibir el permiso del superior, salió del convento dispuesto a luchar contra los franceses, alistándose  tan pronto pudo en alguna de las muchas partidas de  guerrilleros que operaban por el Sur de España, estableciéndose finalmente en Cádiz cuando estaba siendo sitiada por los franceses.

 

El día  de San José de 1812 se promulgó la Constitución; Martín asistió emocionado a la Jura. Se empezaron a perfilar los dos bandos y nacieron los términos de “serviles” y “liberales”. A Martín le gustó más el último término y se aferró a él.

 

Martín se hizo presbítero en Cádiz en 1813, volviendo al año siguiente al convento de frailes reformados de Santo Domingo de la Calzada dispuesto a hacerse fraile gilito, como su madre siempre había soñado.
 

Así las cosas él estaba dispuesto a no ocuparse de políticas y confiaba, aunque con cierto recelo, en que Fernando VII respetaría la Constitución, pero no fue así y el Rey abolió la Constitución volviéndose al antiguo régimen absolutista. Persiguieron a los liberales y las ejecuciones eran frecuentes. Martín por temor a ser delatado por sus ideas liberales huyó a Francia, regresando después de que Fernando VII jurara la Constitución <<Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional>>, dijo pomposamente el rey en el momento de acatar la Constitución liberal. Mientras tanto la creencia de Martín en la buena fe del rey se había desvanecido por completo.

 

Así las cosas, se habían decantado dos facciones políticas, los partidarios del absolutismo a la vieja usanza y los liberales. Austria, Prusia, Rusia, y Francia firmaron un tratado para restaurar en España el absolutismo fernandino, puesto que el régimen Constitucional ibérico les producía desazón; se encomendó a Francia la tarea de devolver al Borbón los privilegios y derechos del Trono de Sus Mayores. Y así el 7 de abril cruzaron la frontera los "Cien mil hijos de San Luis" con el Duque de Angulema al frente.

 

Gracias a la intervención de las cuatro naciones europeas se fortaleció el absolutismo en España volviendo el terror a los liberales que eran encarcelados y ejecutados tan solo por simples sospechas de haber manifestado simpatías por el régimen constitucional, por tener un retrato del General Riego, por criticar las patillas o la nariz del rey o simplemente  por perturbador, hereje o revoltoso. En estas circunstancias Don Martín volvió a exiliarse en Francia.

 

El 10 de octubre de 1833 nació una sucesora directa a la corona. Se le impusieron los nombres de María Isabel Luisa, y don Martín no sospechó por entonces que esa recién nacida iba a ser la causante de su muerte.

 

Muere Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 y comienza la primera guerra carlista,  la reina María Cristina abdica sus poderes en una regencia provisional presidida por el general Esparteros y así Don Martín decide regresar a Madrid.

 

Por Europa empezaban a mudar los vientos, que de acariciar las popas monárquicas se inclinaban ahora a alentar rumbos republicanos. En España resonó el seísmo republicano.
 

Al entrar en la Plaza Mayor, don Martín vio un día de aquellos un papel engomado de “se arrienda un cuarto” en una casa del callejón de Arco del Triunfo número 2, antes del Infierno. Al estar libre, acomodó el precio, más barato que el que tenía en Bordadores. Mal ventilado pero cubierto de ruidos exteriores, decidió trasladarse allá. Don Martín era un hombre de buena ilustración, algo desviada y trastocada para la vida, al que había que tomarle ciertas cosas como simples excentricidades sin malicia. Su hígado enfermo y sus males de vejiga le afectaban el seso sin mermarle por ello la razón.
 

El Lunes 2 Febrero de 1852, Purificación de Nuestra Señora, Don Martín salió hacia las nueve de la mañana a decir Misa a San Justo y regresó para tomar una taza de chocolate y coger una vela para la Procesión de las Candelas. Pidió un hilo a Dominga y se encerró a coser la funda del puñal -adquirido pocas horas antes en el Rastro- en el interior de la sotana y así estuvo dispuesto a acabar con la vida de Narváez. “Vendré tarde, si es que vengo esta noche”, dijo por despedida a la criada. Echó a andar calle Mayor abajo hacia el Palacio Real. Al llegar a las verjas comprobó que estaba lleno de mirones. Las reina madre y la reina Isabel II iban a salir de la capilla de Palacio. Don Martín entrevió a Narváez entre la grey de coronados y lo compadeció, pero endureció el ánimo, por que iba a salvar a España del desastre. Cruzó la puerta sin que los centinelas lo detuvieran y se metió entre las filas de alabarderos que custodiaban la zona. "Si no es Narváez, la reina o la reina madre", se dijo; "que caiga el que sea".

 

Aquel día, 2 de febrero, era el destinado para la primera salida de la Reina, después de haber dado a luz a la entonces Princesa de Asturias, Doña  María Isabel Francisca de Asís –a la que el pueblo de Madrid más adelante bautizara cariñosamente como la chata-. Celebrada la función de la Real capilla, la Reina y su séquito debían dirigirse al templo de Atocha para la solemnidad de la presentación de la Princesa. La comitiva Real, caminaba despacio por las tapizadas galerías de Palacio, por entre las dos filas de la numerosa concurrencia que las inundaba Don Martín vio salir a las dos reinas, la más joven, pomposa, con un manto de terciopelo carmesí bordado en oro;  “¿Dónde estará ese demonio de Narváez?”, se preguntó Don Martín. La reina se acercaba a paso lento. Don Martín dio un paso hacia delante y en ese momento pensó que era una lotería; le había tocado a la reina en vez de tocarle a Narváez. Don Martín se inclinó al suelo cuando la reina llegaba a su altura. "¿Qué quiere usted?", preguntó Isabel II. "Esto, toma ya tienes bastante", respondió Don Martín y le clavó el puñal con todas sus fuerzas.

 

La reina fue conducida al lecho donde los facultativos practicaron inmediatamente el primer reconocimiento de la herida y aplicaron el oportuno apósito, no apreciándose carácter de gravedad, gracias a que el puñal, habiendo atravesado el manto real, se embotó en el bordado y la punta en una de las ballenas del corsé. El puñal era de los conocidos con el nombre de estilete, de hoja fuerte, calada, larga y estrecha, y de punta muy aguda. La simple vista de tal arma causaba horror.

 

Cuando Merino supo que la Reina no había muerto, calculando que por la violencia del golpe y por las circunstancias del instrumento, la lesión podría haber sido profunda y mortal, manifestó con feroz satisfacción: "Tiene bastante".


La había elegido
como blanco de sus acechanzas a la Reina Isabel, inocente, tal como él mismo luego reconoció; pero cuyo sacrificio, no habiendo podido consumar el de ninguna de aquellas otras dos personas, objeto preferente de sus pérfidos intentos, era indispensable

El cura fue conducido al cuarto de guardia donde fue despojado de su ropa talar. Mientras tanto, con un cinismo extraordinario, se puso a calentar las manos en el brasero que allí tenían los guardias de palacio. A continuación, tras un juicio en el que se declaró culpable, el reo fue condenado a sufrir la pena de muerte en garrote vil. Pero antes tuvo lugar la ceremonia de la degradación del regicida de sus derechos sacerdotales, con todo el protocolo de la Iglesia despojándole y anulando todo lo que significara sacerdocio.

El cortejo desde la cárcel del Saladero se dirigió hacia la parte norte del llamado Campo de Guardias, donde se había levantado un patíbulo de madera sin adornos ni crespones. Hacia la una y cuarto de la tarde llegaba allá nuestro hombre; junto a él iban el verdugo y su criado, tres curas, algunos soldados con fusiles y varios hermanos de la Paz y Caridad con antorchas encendidas. De cuando en cuando se detenían y se leía en voz alta la sentencia. El reo era un viejo alto y erguido, de barba gris, crecida en la cárcel del Saladero, y mechones canos que sobresalían del birrete de condenado, que no asentaba bien en su cabeza; se apeó de la caballería y tenía prisa por subir, pero le hicieron esperar hasta que sonara la hora en punto; éste era un importante requisito. Al fin subió sin vacilar las gradas, enérgico y con paso firme, examinó dogales y demás instrumentos del viaje al otro mundo y tras un breve discurso se sentó en el banquillo para recibir el castigo de garrote vil impuesto por la Sala, la Ley y la Costumbre. Las avenidas y calles cercanas a la vasta explanada del Campo de Guardias estaban inundadas de espectadores de todas las clases sociales, movidos unos por la curiosidad y el morbo que inspira generalmente estos espectáculos, otros por el deseo de conocer y estudiar la fisonomía del reo, y todos anhelosos por la expiación del crimen cometido contra la reina Isabel II.  El hombre a quien tocaba el turno de morir era el cura don Manuel Martín Merino y Gómez, regicida.

Todo el proceso hasta la ejecución llevó cinco días: del 2 de febrero, fecha del atentado, al 7, día en que el verdugo ejecutó la sentencia. Se prolongó por dos días más, hasta el 9, para llevar a cabo el mandato de S. M. de quemar y destruir no sólo el cadáver del sentenciado, sino también el cuchillo con que ejecutó su atentado y casi todas sus posesiones.

Después de la ejecución Martín Merino fue llevado al cementerio Norte para ser incinerado y enterrado; el acta que lo certificó decía lo siguiente:

En la Villa de Madrid, y su cementerio extramuros de la puerta de Bilbao, siendo las cinco menos cuarto de la tarde de hoy 7 de Febrero de 1852, hallándose reunidos el Excmo. Señor gobernador de la provincia: su secretario, Señor D. Antonio Guerola; el Señor D. Antonio Tiburcio Acevedo, capellán del Excelentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo, comisionado por su Eminencia el Señor D. Pedro Nolasco Aureoles, como juez de la causa, y el infrascrito, como escribano de ella, se procedió a quemar el cadáver de Martín Merino, según lo dispuesto en Real Orden de esta fecha, comunicada por el Excelentísimo Señor Ministro de Gracia y Justicia al expresado Exc.. Señor gobernador; al efecto se hallaba preparada la leña y útiles necesarios, y en el patio de la izquierda, entrando a dicho Campo Santo, inmediato a la sepultura común, se procedió a la operación, colocando sobre las llamas el cadáver  del repetido Martín Merino, sacándole al efecto de la caja en que se hallaba, y quedando reducido a cenizas, que fueron esparcidas dentro de la indicada sepultura, quedando finalizada esta diligencia a las siete y veinte minutos, y habiendo concurrido igualmente a este acto el capellán del cementerio D. José Losada, y lo firman todos los señores concurrentes, de que doy fe – Melchor Ordoñez – Pedro N. Aureoles – José Losada – Ante mi José Pérez Martínez


Casa Labra
por Antonio Martín

Mi padre le gustaba ir a Casa Labra para comer un bacalao “rebozao”; yo también lo hacía de vez en cuando; cosas que se heredan. Eran otros tiempos que llegabas hasta el mostrador y allí mismo se recibía y se consumía; ahora hay que hacer espera y eso no me agrada. Cierta vez
abordé al camarero que me atendía y con descaro le pregunté si el sabía cual era el nombre por el que se conocía de antiguo a esa “tapa”. Él me dijo, pues…..bacalao rebozado…… No exento de cierta dosis de altanería le respondí…., soldadito de Pavía, su nombre es soldadito de Pavía. Con cara de extrañeza se alejó de mí aunque creí adivinar un murmurio bajo el cual probablemente maldecía su suerte de haber topado con el loco del día. Yo a lo mío. Me deleité con el sabroso bocado acompañado de un vino blanco peleón manchego. Poco le debió importar el porqué de llamarse soldadito de Pavía, siguió con su quehacer como si tal cosa; yo no hubiera dormido bien hasta saberlo. Acerqué a mis labios una servilleta de papel que sobreimpresa decía lo siguiente:
 

Existían 1.500 tabernas en Madrid en el año 1900 para una población de 840.000 habitantes. Sólo en esta calle de Tetuán junto a Casa Labra éramos tres tabernas. Madrid nos ha premiado y la historia nos contempla.

Hoy en 2009 apenas somos una docena para dar testimonio de una cultura y una  forma de vida tradicionales de esta Villa y Corte, y que constituye una gran parte de las señas de identidad de esta acogedora ciudad que es Madrid  de todos los españoles.

 

Al salir miré, una vez más, una placa conmemorativa en un lado de la puerta recordando que en ese mismo lugar, el 2 de mayo de 1879 se fundó clandestinamente el PSOE (Partido Socialista Obrero Español)